Y así, otra vez estoy sola.
Como al inicio del camino, que pasas meses decidiendo cuando
vas a salir y como, y al final alguien termina ayudándote a salir por una u
otra razón. Y quizás ese no era el momento que habías decidido.
Pero esta vez, yo tomé la decisión.
Hasta hace veinte días era una estudiante de 21 en la
Universidad de Ciencias, pero hace dos semanas fue mi cumpleaños número 22.
Aunque... vayamos aún más atrás.
Cuando nací mis padres decidieron llamarme Abigaíl, que
significa la alegría del padre, porque decían de que cuando se enteraron de que
iba a nacer, mi papá fue el más emocionado. No quiero imaginarme como se sentía
mi mamá, teniendo en cuenta que él se fue a los 6 meses de que nací.
Igual no fue tan malo porque al poco tiempo mamá empezó a
salir con otro hombre. El tío Martín, como conocía a ese señor, llegó a casa
con una nena de dos años, Madeleine. A la cual me dirigía como si su nombre
fuese Magdalena. Habíamos sido muy buenas amigas, pero cuando Magda cumplió sus
15, en su caja de regalo había una sorpresa: una ecografía.
Al principio no entendí muy bien que era, o porque mamá
estaba tan inflada. Creo que comprendí luego de 4 meses cuando mamá volvió a
casa con un par de bebes: Gastón Nahuel y Gabriel Nicolás. Y si, que
originales. Sarcásticamente hablando, por supuesto.
Tío Martin y mamá empezaron a gastar mucho tiempo en esos
dos, por esto, para sus dos años, Magda, ya se había ido a vivir con su novio,
y yo había quedado como si estuviera sola.
Tanto así, que al parecer ni siquiera se dieron cuenta que
en menos de un año me había llevado todas mis cosas hacia un departamento que
alquile a unas 20 calles de allí. Por lo que a los 16 trabajaba para pagar mis
estudios y el lugar en que vivía.
Un tiempo después de irme de casa, comencé a salir con un
chico que me gustaba, también adolescente. Pero él me dijo que se arrepentía,
el mismo día que debía esperar en el altar. Se casó teniendo solo 17 años,
porque su novia de 19 estaba embarazada.
Después de dos meses estando de novia con un dos veces
asiático, Lee Zhao, un chino-coreano, me confesó haberme engañado en una fiesta
de la empresa con la hija de su jefe. No me afecto en lo más mínimo. No le
había sido muy fiel que digamos, solo que a diferencia de él, no sentía
remordimiento sobre esos chicos de semana*. {*Un chico distinto cada semana.}
La semana pasada, luego de despertar con un extraño
sentimiento, decidí hacer cambios en mi vida.
Empecé por dejar el trabajo. Me presente frente a la jefa
dejándole mi carta de dimisión con el motivo de que dejaría la ciudad
indefinidamente, y le agradecí por haberme dejado trabajar con ella todos esos
años. Ella me abrazo deseándome suerte.
La verdad es que no tenía pensado viajar, ni en ese momento,
ni nunca… por ahora.
Luego deje la universidad. Había gastado mucho tiempo,
esfuerzo y dinero en ella. Pero mi mente había cambiado y ya no quería eso para
mí. Así que sólo lo deje.
Busque un trabajo pagado por día.
Conseguí trabajar en una gran librería atendiendo y ayudando
a los clientes a buscar y seleccionar libros. No pensé que tanta gente fuera a
esos lugares, pero a pesar de que no era algo divertido de hacer, pagaban muy
bien. Aunque solo era temporal.
Después de dos días, lo dejé.
Había entendido que, sin importar que fuese (amor, estudio,
o trabajo), no quería comenzar de nuevo una rutina.
El día siguiente fue todo un día completo encerrada en el
departamento, sentada en el piso, sofá y cama, aleatoriamente, con la
computadora nueva, pagada gracias a esa biblioteca, y rodeada de comida,
también comprada con ese dinero, viendo episodios de series, animaciones y películas.
No gaste tiempo arreglándome.
Fueron 24 horas consecutivas de sentarme, acostarme, comer,
e ir al baño todo sin despegar la vista del ordenador.
Hace 3 días paseaba por el centro. Compre vestidos y
pantalones en colores oscuros y pasteles; zapatos altos y zapatillas con tacos;
remeras con transparencias y accesorios; y también decoraciones para el
departamento. Compre también una cámara de fotos, siempre quise una. Y más
comida.
Debí trabajar un día más e ir de vacaciones. Aunque odiase
la idea de viajar.
Llegue a casa y después de acomodar los adornos que había
traído, comencé a probarme y tomar fotos de cada combinación de ropa posible.
Algunas se veían muy bien. Quizás, en vez de ciencias, podría haber estudiado
diseño.
Pero, aunque mi ánimo había mejorado con lo que hice, el
pensamiento de cambio seguía ahí. No lo había hecho por completo.
Llevé y guarde toda la ropa en el armario. Junto a la caja
en que vino la cámara.
Mientras comía, con música muy leve de fondo, pensaba en que
formas podría cambiar algo para llenar mi vida. Nada aparecía. A pesar de que
dije "puedo mudarme y buscar algo mejor" la emoción se esfumo rápidamente.
Mis padres no me habían dado mucha imaginación para resolver
las cosas.
Magda ya tiene una carrera completada, está viviendo
felizmente con su novio, ¿o debería decirle esposo?, y espera trillizos para
dentro de dos semanas.
Ayer se casó. Me sorprendió cuando me llamo apenas termine
de comer y me pidió que fuera madrina de su boda, siendo que no habíamos
hablado por años.
Y ayer, justo después de firmar en ese gran libro, comprendí
que casarme no sería un cambio para mí. Sí, estaba feliz, y mucho, por ella.
Pero no podía imaginarme así. Quizás solo no era algo importante, un papel no
te cambia la vida. Se puede ser feliz sin convivir, casarse, o tener hijos. Cada
uno tendrá su mejor modo.
Cuando pase la puerta de mi departamento, supe cuál sería el
cambio.
Recordé cada momento de mi vida en poco tiempo. La
desaparición de mi papá, el tío Martín y Magda, sus 15, el nacimiento de los
gemelos y mama dejándome de lado, Magda se fue, y estas últimas semanas que me
estuvieron desarmando el cerebro.
Sabía qué hacer. Elegir algo, en donde no interfiriera un
tercero. Que no fuera algo que estuviera obligada a hacer sin importar lo mal o
bien que me sintiese.
Así que, me fui de viaje.
Al final del viaje.
Es el momento que les llega a todos, y pido perdón a quién
encuentre mi cuerpo en este estado. Espero que no haya pasado mucho tiempo y se
vea demasiado mal por la presión de la soga en mi cuello. Perdón por eso.
Traté de dejar todo lo más acomodado posible. No fue mi
intención, solo quería cambiar algo. E hice un cambio drástico para intentar
tener una oportunidad de decidir qué hacer la próxima vida.
Y así, otra vez estoy sola.
Como al inicio del camino, que pasas meses decidiendo cuando
vas a salir y como, y al final alguien termina ayudándote a salir por una u
otra razón. Y quizás ese no era el momento que habías decidido.
Pero esta vez, yo tomé la decisión.
By Lucia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario