Tema: Bomba en tren
A)
-En 20 minutos. –Fue lo último que dijo antes de colgar.
Teo desde chico quiso ser policía. Luego de ver una película a los 8 años, decidió que esa sería su profesión, y durante toda su adolescencia se mantuvo estudiando diferentes áreas en las que se interesaba. Hasta que, en cuanto tuvo 20, fue a rendir los exámenes para ingresar a las fuerzas.
Pero él estaba enfermo.
Por los traumas que le causaron los problemas familiares, Teo había desarrollado un trastorno del sueño, y por más que visitó instituciones y probó con diferentes medicamentos, su enfermedad no se había resuelto.
Incluso cuando intentaba estudiar, empeoraba, cayendo dormido sobre los libros.
Al momento de rendir el examen escrito, no se durmió, ya que consiguió unas pastillas para mantenerse despierto.
Pero el examen físico fallo. Gran cantidad de toxinas, se detectaron en su organismo.
Buscó como vengarse de aquellos que no le dieron una segunda oportunidad, y lo rechazaron impidiendo cumplir su sueño.
Y encontró una forma: causar un accidente. Construyo un potente maletín-bomba y antes de colocarlo, llamó a la estación de policía local:
-Bomba en el tren automático. En 20 minutos. –Y cortó la llamada.
Quién tomó el teléfono estaba confundido, no sabía si tomarlo en serio o no. Era normal tener bromas de este tipo constantemente, por lo que optó ignorar lo ocurrido. De todas formas, se encontraba sólo en todo el lugar.
Pero él no estaba jugando. En verdad, su creación era fuerte, podía volar el tren completo en cuestión de segundos. Eligió como objetivo el de recorrido más corto, el que más tomaba la gente en el centro, porque al ser manejado desde la estación, tardaba menos; y según Teo, era perfecto para llevar a cabo su venganza.
Subió en la terminal, y la explosión, seria al final del recorrido.
Habría unas diez personas contándolo a él, en todo el tren. Era sábado. Las vacaciones acababan de empezar.
Quizás no lo sabía, por el hecho, de que paso varios meses aislado en su departamento. Solo saliendo unos pocos minutos, con el fin de ir al supermercado al lado de su edificio, para comprar comidas y bebidas, mientras creaba su maligno dispositivo.
Además de eso, no tenía familia. Sus padres tenían sus propias vidas y lo habían dejado de lado. Creyeron que podía vivir por sí solo, ya que era un “adulto”, aunque solo tuviese 16 años en aquel momento.
Cinco minutos pasaron. El tren iba rápido. Ya habían pasado tres estaciones, y por cada persona que veía subir, su sonrisa se ampliaba un poco más.
Ahora habría diez personas más. Varios de ellos no descansaban, llevaban trajes, portafolios, y los estudiantes, mochilas.
-Funcionará sin dudar.- Se decía.
Diez minutos más pasaron y algunos otros más faltaban. Unas cincuenta personas había ahora en los vagones. Este tren no tenía muchos asientos, por lo que todos estaban ocupados. Si no fueran vacaciones, hubieran viajado incomodos como siempre.
Apoyó la maleta bajo su asiento, mientras el tiempo seguía corriendo.
Cinco minutos restantes. Solo quedaban dos estaciones para el final. Su bajada era la siguiente. Escucho que una chica le dijo a otra: “¡Hey! ¿Sabías que las vías empezarían las reparaciones hoy?, No dijeron a qué hora”.
Y cuando la puerta se abrió en esa anteúltima parada, todos descendieron, porque habían empezado a cortar las vías. El tren debía llegar vacío a la estación central. Habían dado el aviso de corte en la estación anterior. Pero él no había escuchado.
Y en cuanto intento levantarse, su vista se nublo y sus piernas flaquearon.
Porque Teo estaba enfermo… Tenía trastorno del sueño.
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B)
La primera llamada había sido recibida a las 22: 45 hs de ese martes 15 de febrero.
Max lo sabía. Había tenido un sueño premonitorio, y eso nunca fallaba. Lo que no sabía era, si iba a poder evitar la tragedia. Fueron avisados de una amenaza de bomba, en el tren rápido que unía las ciudades principales del país. Conocía la ubicación de la bomba, y en qué lugar exacto iba a explotar. Tenía que ingeniárselas para subir al tren, ya que no tenía paradas intermedias. Tomo su arma, un par extra de cargadores y le comunico al jefe Robinson lo que iba a tratar de hacer. El conocía su don, o maldición, y siempre lo apoyaba. Le informo que una unidad de bomberos estaría apoyándolo al final del recorrido.
Subió a la azotea y vio al helicóptero esperándolo. Gary estaba sentado al volante. Lo saludo cordialmente, y le indico donde dirigirse. En menos de diez minutos sobrevolaban el tren. Desato la escalera y comenzó a descender. A pocos metros del techo, dio un salto, que aunque lo hizo trastabillar, lo dejo en el lugar justo. En pocos pasos, entro al vagón y comenzó a caminar hacia el coche principal. La bomba se ubicaba dentro del baño que unía el primer y segundo vagón.
Pero antes de llegar, tenía que abatir a los tres maleantes que protegían el arma explosiva. Recordaba sus caras. Tendría que ser sigiloso y no levantar sospechas. Encontró al primero muy pronto. Se acercó con la excusa de pedirle fuego, y lo noqueo rápidamente. Lo acomodo en el asiento y siguió adelante. El segundo, estaba parado en la entrada del baño. Tapo su boca, y empezaron a forcejear. El sujeto saco un arma, pero él fue más rápido y la hizo caer de sus manos. Le dio un golpe seco en la boca del estómago, que lo dejo sin aire. Cuando bajo la cabeza, se la tomo y la golpeo contra su rodilla. El tipo cayó al piso como un saco de papas.
Entro al baño. El tercer sujeto ajustaba los últimos detalles a la bomba. Se giró cuando escucho el ruido. Se levantó rápidamente y comenzaron a pelear. Eran muy parejos, volaban las piñas y las patadas.
El sujeto saco un cuchillo y se lo clavo en el abdomen. La sangre comenzó a brotar. Max se miró la herida indiferente y le pego un puñetazo a la nuez de adán. El tipo se tomó la garganta. Max aprovecho para golpearlo fuertemente hasta dejarlo inconsciente.
Empujo al tipo lejos. Su prioridad, la bomba.
Era tal como la recordaba. Un cilindro gris con tapas negras en los extremos. Un reloj digital con letras rojas marcaba el tiempo restante:
05:49.
Tomo la caja de herramientas, y se dispuso a desarmar el dispositivo; en menos de treinta segundos lo hizo. Se quedó mirando el cablerío. Trataba de recordar su sueño. Había cortado el rojo, el azul, el verde o el amarillo. Tomo cada uno y siguió el recorrido hasta el detonador.
Una puntada fuerte le anuncio su pronto desvanecimiento. Había perdido mucha sangre y las fuerzas lo abandonaban. No recordaba, y opto por el amarillo. Las gotas de sudor le nublaban la vista, mientras las manos le temblaban incontrolablemente.
-Cálmate Max. Tú lo puedes hacer- se decía para animarse.
Cortó el cable. Pero el dispositivo no hizo nada. Decidió probar con otro.
Eligio el azul. Sin pensar lo secciono. El reloj comenzó a andar rápidamente, y una alarma aviso el fin. Mientras los segundos corrían, se echó hacia atrás y cerró los ojos.
El despertador sonó. Max despertó sobresaltado.
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