Ella podía ver la muerte.
Con tan solo mirar a los ojos de las personas, sabía, cuando, donde y como, iba a pasar.
Era duro despedirse de sus seres queridos, sin poder hacer nada. Lo había intentado varias veces, pero el destino fatal siempre se cumplía. Muy a su pesar.
Era difícil contarle a alguien, sin que creyera que estaba loca.
Carecía de espejos en su hogar. Porque podía ver la muerte, mirando directamente a los ojos.
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